La lectura es el acto mas revolucionario de la historia de la humanidad, convierte sonidos en símbolos y símbolos en ideas… y esas ideas han cambiado el mundo de formas extraordinarias.
La primera gran revolución de la lectura fue con los Sumerios, aquella antigua civilización que vivía en el sur de Mosopotamia (en el actual Irak) que inventaron la escritura, a través de un sistema de cuñas a la cual la historia nombró “escritura cuneiforme”. Esa nueva herramienta, no solo guardaba la información, extendía la memoria humana más allá del cerebro. Por primera vez los humanos no dependían de su memoria, podían llevar sistemas contables, inventarios y resguardar su poesía en tablillas de arcilla que no serían vulnerables al paso del tiempo… mas de 5000 años después aún conservamos muchas de esas tablillas.
En Mesopotamia se comenzó con la escritura, poco después Egipto, India y China comenzaron a escribir, pero el gran reto es que esas formas de escritura eran alfabetos pictográficos. Ese tipo de alfabetos cada palabra, idea, concepto o sentimiento tiene su propio símbolo que lo describe, haciéndolos muy complejos y largos, y requerían de una profesión altamente especializada… las personas que desarrollaban esa profesión tenían el nombre de “escribas” y podían tardar hasta 10 años en aprender a escribir.
Egipto es la primera civilización de la cual tenemos registro histórico. A través de los milenios se lograron conservar los libros, los textos, relatos y el conocimiento de esta enorme civilización. Pero la escritura, hasta este momento era una actividad reservada para las élites que podían pagar los servicios de un escriba, gobernantes, jefes religiosos y la clase privilegiada. Si no se estudiaba la profesión de escriba, nadie más podía ni leer ni escribir.
Fueron los fenicios los que empezaron la primera forma de alfabeto más accesible, pero solo con consonantes, era una escritura práctica, enfocada al comercio y sin necesidad de escribas. Los Fenicios, al ser una civilización comerciante que viajaba por todo el Mediterráneo, crearon la primera forma de escritura con un alfabeto, fácil de aprender, fácil de replicar y fácil de viajar.
Gracias al alfabeto fenicio, nace la segunda gran revolución de la lectura: en la antigua Grecia. Fueron los griegos los primeros en tener un alfabeto basado en sonidos, un alfabeto moderno como lo conocemos al día de hoy. Unos pocos símbolos divididos entre consonantes y vocales, facilitaban el lenguaje completo, al aprenderlos se podían escribir y leer palabras sencillas, y conceptos desde lo tangible hasta lo mas complejo y abstracto. Fue la primera civilización que entendió la importancia de la alfabetización para toda la población, así, los griegos fueron los primeros en establecer escuelas en todo su territorio y hacer universal la lectura y la escritura. Gracias al alfabeto los niños podían aprender a leer y escribir en muy poco tiempo.
Irónicamente Sócrates temía que por culpa de la escritura los hombres abandonaran el esfuerzo de la propia reflexión. Sospechaba que gracias al idilio de las letras, se confiarían en saber los textos sin comprenderlos a fondo, bastaría con tenerlos a la mano.
El argumento es muy fuerte y hoy nos impacta más que nunca. Es evidente que el conocimiento disponible es mayor que nunca en la historia, pero casi todo se almacena fuera de nuestra mente, ¿Dónde queda el saber? ¿Somos más ignorantes hoy que nuestros antepasados? La respuesta es complicada por que la línea que separa nuestra mente del internet y la tecnología se está volviendo cada vez más borrosa.
Lo que sí sabemos es que Sócrates, respecto a los libros, estaba equivocado, el nacimiento de la filosofía griega coincidió con la llegada de los libros, en especial en la zona de Efeso, hoy Turquía. La escritura permitió crear un lenguaje complejo que los lectores podían asimilar y meditar con tranquilidad. Desarrollar un espíritu crítico es más fácil con un libro entre las manos que con una frase hablada que se puede perder en la memoria, la lectura se puede interrumpir, releer, detenerse a reflexionar. Esto se comprueba en otro periodo histórico, miles de años después, durante la tercera revolución.
La civilización romana copió el sistema de educación griego, y también desarrolló su propio alfabeto. Leer y escribir era bastante común entre los romanos, pero entre las élites, lo más elegante era tener un esclavo “escriba” al que se le dictaba todo lo que había que escribir.
Al caer Roma y comenzar el período conocido como Edad Media u Oscurantismo, esos 1000 años en dónde la Iglesia Católica gobernó todo el pensamiento humano, el arte de leer y escribir dejó de estar disponible para toda la población. Durante la edad media los libros y el conocimiento está completamente resguardado solo los monjes y las élites de la sociedad tenían acceso a la lectura. Los libros se copiaban a mano en monasterios y se resguardaban en bibliotecas cerradas al público.
En la escuela nos enseñan que la Edad Media y el dominio de la Iglesia se terminó con la llegada de Colón en 1492 a América. La realidad es que el fin del Oscurantismo es la tercera gran revolución de la lectura y comenzó aproximadamente 40 años antes: se había inventado la imprenta y eso dió paso a la masificación del conocimiento como a la alfabetización. La llegada de los libros de forma masiva a la sociedad fue lo que dió paso al renacimiento. Al cuestionamiento del gobierno de la Iglesia Católica y a la explosión de conocimiento, ciencia y arte que vino en los siguiente siglos. A la imprenta le debemos las revoluciones ideológicas, políticas, económicas y sociales que formaron a nuestra sociedad moderna.
A finales del siglo XX comienza la cuarta revolución: la masificación de la tecnología, la llegada del internet y los teléfonos inteligentes.
El conocimiento es poder. Por muchos siglos se dijo que el conocimiento no se podía compartir de forma masiva y que educar al pueblo y hacerlo “inteligente” solo podía traer problemas. Por primera vez en la historia de la humanidad, la tecnología permitía que ninguna élite, gobierno o forma de religión controlara el acceso al conocimiento. Hoy todos tenemos acceso al conocimiento, pero estamos cambiando comodidad por capacidad cognitiva. El lado oscuro de la tecnología se hizo evidente hace unos pocos años, en dónde el exceso de pantallas y videos de corta duración, habían destrozado por completo la capacidad de concentración de niños, adolescentes y algunos adultos.
De nada sirve tener acceso en un click a todo el conocimiento de la historia de la humanidad, si no podemos procesarlo, analizarlo y tomar decisiones verdaderamente informadas y racionales.
La gran pregunta que nos debemos de hacer en medio de esta cuarta revolución es: ¿Qué tanto le estoy entregando mi propia capacidad de pensar a un algoritmo?







