La Comisión Europea decidió activar de manera provisional partes del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur, una medida que ha reabierto divisiones internas dentro del bloque. Mientras países como Alemania defienden el acuerdo como una oportunidad estratégica para diversificar mercados, otros gobiernos y sectores agrícolas advierten sobre riesgos económicos y ambientales.
La aplicación parcial del tratado se produce sin una ratificación completa del Parlamento Europeo, lo que ha generado cuestionamientos sobre el proceso político y la legitimidad de la decisión. Analistas señalan que el movimiento refleja la presión de Bruselas por fortalecer alianzas comerciales en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y proteccionismo creciente.







