Pakistán y Afganistán atraviesan uno de los momentos más tensos de su relación reciente tras una serie de bombardeos y operaciones militares en zonas fronterizas. El gobierno paquistaní acusó a las autoridades afganas de permitir la operación de grupos armados desde su territorio, mientras que Kabul denunció ataques que afectaron áreas civiles.
La escalada marca un giro preocupante en una región históricamente inestable, donde cualquier confrontación directa puede provocar desplazamientos de población y afectar corredores comerciales clave. Organismos internacionales han expresado alarma por el deterioro de la situación y han pedido moderación a ambas partes, advirtiendo que un conflicto prolongado podría tener consecuencias imprevisibles para la seguridad regional.







