La guerra en Oriente Próximo continúa ampliándose a medida que nuevos ataques afectan infraestructuras estratégicas y objetivos militares en distintos países de la región.
Los enfrentamientos ya involucran a actores regionales y aliados internacionales, mientras drones y misiles han sido utilizados en operaciones que afectan instalaciones energéticas y zonas urbanas.
El aumento de la violencia ha generado preocupación entre gobiernos y organismos internacionales, que temen que el conflicto evolucione hacia una confrontación regional de mayor escala.







