Hay palabras que no solo se definen, se viven. La resiliencia es una de ellas¡¡
Hablar del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no es solo hacer una conmemoración; es abrir un espacio de conciencia para reconocer cada historia, la lucha, la voz y la fuerza emocional de millones de mujeres que aun en medio de la adversidad, han aprendido a reconstruirse sin dejar de ser ellas mismas.
Desde la salud mental, la resiliencia es la capacidad de enfrentar aquellas situaciones que nos rompen, nos desafían y nos obligan a replantear la vida; es la fuerza interna que nos permite adaptarnos, reorganizarnos y resurgir fortalecidas después de la crisis, transformando la experiencia en un aprendizaje significativo. Ser resiliente no significa no sufrir, no llorar o no sentir miedo; significa atravesar el dolor sin perder la dignidad, aprender de la herida y convertir la adversidad en crecimiento.
¿Cuánta historia, dolor, valentía y reconstrucción hay en una sola mujer?
En la vida de muchas mujeres, la resiliencia ha sido no solo una herramienta: ha sido una forma de sobrevivir. Está presente en quienes han tenido que levantarse después de una pérdida, una decepción, una enfermedad, una herida emocional, la violencia, el abandono o la exigencia constante de sostenerlo todo sin tener que romperse. También vive en aquellas mujeres que, aun cansadas, siguen construyendo, criando, liderando, estudiando, emprendiendo y cuidando sin dejar de perseguir sus sueños.
Sin embargo, es importante comprender que ser resiliente no significa normalizar el sufrimiento. No se trata de romantizar las cargas que muchas mujeres han tenido que soportar, sino de reconocer su capacidad interna para resignificar la vida, poner límites sanos, pedir ayuda, sanar y volver a empezar. La resiliencia no es aguantarlo todo; también es saber cuándo detenerse, cuándo reconstruirse y cuándo elegirse.
también vale la pena recordar que una mujer resiliente no nace de la perfección, sino del proceso. Se forma en cada decisión valiente, en cada vez que se levanta con el corazón roto, pero con la convicción intacta, en cada ocasión en que transforma el dolor en propósito y el miedo en acción. La resiliencia le devuelve a la mujer la posibilidad de mirar su historia no solo desde la herida, sino también desde su capacidad de superación.
Hoy, en la conmemoración del 8 de marzo, hablar de resiliencia es reconocer que no hay estadísticas suficientes para medir la fuerza de las mujeres, porque cada historia guarda una manera distinta de resistir, reconstruirse y volver a empezar. Todas, de alguna forma, hemos aprendido a levantarnos aun en terrenos difíciles. Detrás de cada mujer hay batallas silenciosas que no siempre se ven, pero también una fuerza interior que merece ser reconocida, honrada y acompañada.
Porque ser mujer también ha significado, para muchas, reconstruirse y continuar. Y aunque la vida les haya exigido fortaleza, no solo son fuertes: son valiosas, sensibles, capaces, inteligentes y profundamente humanas.
Hoy, con mucho respeto, dedico esta columna a las madres buscadoras, símbolo del amor que no se rinde y de la resiliencia más dolorosa, pero también la más valiente. En su andar hay ausencia, herida y duelo, pero también una fuerza profundamente humana que merece ser honrada. Porque una madre que busca a un hijo no solo enfrenta el dolor: desafía el olvido, sostiene la esperanza y le recuerda al mundo que el amor también resiste.
Psic. Yazmín Ch. Aguirre
Un espacio donde no te juzgamos te acompañamos¡¡
“Vivir sin rompernos”







