“Amor propio” el vínculo más importante que construirás en tu vida. Hablemos de salud mental…
Hablar de amor propio desde la psicología, se entiende como la capacidad de reconocernos con dignidad, valor y respeto. Es hablar de una relación interna que sostiene nuestra vida emocional, representa la decisión consciente de elegirnos, cuidarnos y responsabilizarnos de la vida que estamos construyendo.
Hablar de amor propio se vuelve un acto de resistencia. Porque amarse a uno mismo no siempre es algo que se aprende de forma natural; muchas veces es algo que se reconstruye después del cansancio, de las decepciones, de los vacíos, de las veces en que nos fuimos dejando al final, por atenderlo todo… menos a nosotros.
El amor propio no nace de repetirnos frases bonitas frente al espejo. Se construye y se fortalece cuando aprendemos a tratarnos con más compasión que juicio, cuando dejamos de medir nuestro valor a partir de la aprobación externa y cuando entendemos que poner límites también es una forma de amor.
Muchas personas crecieron pensando que amarse a sí mismas era “pensar demasiado en ellas”. Pero en realidad, una persona con amor propio no pisa a nadie, no necesita demostrar superioridad y no busca validarse a costa de los demás. Al contrario: suele ser alguien que aprendió a conocerse, a respetar sus procesos y a reconocer que su bienestar también importa.
¿Cómo evaluarías tu amor propio el día de hoy?
Desde una mirada terapéutica, el amor propio tiene mucho que ver con la autoestima, pero va más allá. No solo consiste en “sentirse bien” con uno mismo, sino en construir una base emocional lo suficientemente sana, para no abandonarse en nombre del amor que tenemos hacia otros, la aceptación o el miedo a quedarnos solos, el poder descansar sin culpa y el pedir ayuda cuando se nos han agotado las fuerzas.
el amor propio también es dirección. Es preguntarte: ¿la vida que llevo honra quién soy?, ¿me estoy tratando como trataría a alguien que amo profundamente? Porque no basta con saber que merecemos algo mejor; también necesitamos actuar en determinación con ello.
A veces el amor propio comienza de manera silenciosa. Empieza cuando dejas de justificar malos tratos. Cuando te das permiso de cambiar. Cuando entiendes que decir “no” puede ser un acto de salud mental. Cuando dejas de cargar con responsabilidades que no te corresponden. Cuando eliges sanar antes que aparentar fortaleza.
Y no, el amor propio no significa ser fuerte todo el tiempo. Significa no perderte a ti mismo mientras atraviesas la vida. Significa volver a ti, escucharte, acompañarte y recordarte que tu valor no disminuye por una decepción, una pérdida, un rechazo o una etapa difícil.
El amor propio no es una meta perfecta. Es una práctica diaria, corregirte sin destruirte y abrazar tu proceso sin avergonzarte de él. Y quizás ahí comienza una de las transformaciones más profundas de la vida: cuando dejas de buscar afuera el valor que siempre debió ser cultivado dentro de ti.
Porque el amor propio no se dice solamente: se demuestra en la manera en que te cuidas, te respetas y te eliges, incluso en los días en que más trabajo cuesta hacerlo.
Amor propio es elegirte sin culpa, cuidarte sin egoísmo y recordarte, una y otra vez, que no viniste a esta vida a perderte por amar a otros, sino también a encontrarte en el amor que te debes a ti mismo…
Dedico esta columna a todas las mujeres y hombres que están aprendiendo a volver a sí mismos; a quienes han vivido batallas silenciosas, a quienes por mucho tiempo se dejaron al final, y a quienes hoy están descubriendo que el amor propio no es egoísmo, sino la base para vivir con dignidad, equilibrio y compasión.
Psic. Yazmín Ch. Aguirre
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“Vivir sin rompernos”







