La presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó la Convención Bancaria de este 20 de marzo para lanzar un mensaje directo al sistema financiero: México necesita que los bancos presten más. Su llamado no fue menor. En un país donde el crédito representa una porción relativamente baja del PIB, la mandataria pidió ampliar el financiamiento para empresas, especialmente pequeñas y medianas, y para proyectos de inversión pública y privada.
La petición llega en un momento delicado. Aunque la banca mexicana reportó utilidades récord en 2025, el crecimiento de la economía fue moderado y el entorno externo sigue cargado por tensiones geopolíticas, precios energéticos altos y volatilidad financiera. Por eso, el discurso presidencial apuntó a una contradicción que el Gobierno quiere corregir: un sistema financiero sólido, pero todavía insuficiente para empujar el crecimiento interno al ritmo que busca la administración.
Sheinbaum planteó como meta elevar el financiamiento del 38% al 45% del PIB hacia 2030. La apuesta está ligada a un plan más amplio de infraestructura que, según presentó, movilizaría 5.6 billones de pesos en sectores como energía, carreteras y trenes. El mensaje al sector bancario fue claro, no basta con estabilidad macroeconómica, el dinero tiene que llegar más a la economía real.
El planteamiento también revela una prioridad política. El Gobierno necesita inversión sin romper del todo con su narrativa de rectoría estatal. Por eso ha insistido en fórmulas de capital mixto y en una relación más pragmática con el sector privado. En ese marco, pedirle a la banca que “le dé más al país” no es solo una frase política, es una señal de que la administración quiere más crédito, pero sin ceder el control del rumbo general de la inversión.
Desde el sector financiero hubo receptividad, pero también cautela. Los banqueros respaldaron la expansión del crédito y reconocieron su papel en el desarrollo económico, aunque el crecimiento del financiamiento dependerá también de certidumbre regulatoria, menor riesgo y mejores condiciones para invertir. En otras palabras, el Gobierno pide más crédito, pero el sistema financiero sigue mirando el entorno con prudencia.
El episodio importa porque toca un problema estructural de la economía mexicana: la distancia entre estabilidad financiera y crecimiento suficiente. Si el Gobierno logra que la banca abra más la llave del crédito, podría mejorar la inversión y el empleo. Si no, la Convención Bancaria habrá dejado un buen titular, pero no un cambio real en una de las grandes limitaciones del país.







