Donald Trump cayó a 36% de aprobación, su nivel más bajo desde que volvió a la Casa Blanca. La baja no llega por un frente secundario, sino por dos de los temas que más pesan en la política estadounidense, el costo de vida y la guerra con Irán.
El deterioro en la evaluación económica es especialmente serio. Solo 29% aprueba su manejo de la economía y apenas 25% respalda su gestión del costo de vida. Para un presidente que había prometido una economía fuerte y alivio para el bolsillo, esos números son un golpe directo al corazón de su narrativa política.
El conflicto con Irán agrava todavía más el cuadro. La encuesta mostró que 61% desaprueba los ataques estadounidenses sobre Irán y que solo 35% los respalda. Además, 46 % considera que la guerra hará a Estados Unidos menos seguro en el largo plazo. Eso convierte el frente militar en una fuente de desgaste, no de unidad nacional.
El combustible está funcionando como amplificador del problema. Desde que comenzó la guerra, el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos ha subido alrededor de un dólar por galón. Ese tipo de aumento se siente de inmediato en la vida cotidiana y termina conectando la política exterior con la percepción doméstica del bienestar económico.
La encuesta también mostró que 63 % de los estadounidenses considera que la economía está algo débil o muy débil. Eso significa que el desgaste ya no depende solo de una lectura partidista. Hay una percepción amplia de fragilidad, y cuando esa percepción se instala, los costos políticos tienden a crecer más rápido que las explicaciones oficiales.
Trump mantiene una base republicana mayoritariamente sólida, pero incluso ahí aparecen grietas en el tema del costo de vida. La noticia importa porque marca un punto de inflexión posible. Si la guerra sigue presionando la energía y la economía, la caída en popularidad puede dejar de ser una mala racha y convertirse en un problema político estructural de cara a las elecciones intermedias.







