El Banco de México decidió reducir en 25 puntos base su tasa objetivo y dejarla en 6.75%, con efectos a partir del 27 de marzo de 2026. La decisión se tomó por mayoría dentro de la Junta de Gobierno y sorprendió porque llegó justo después de un nuevo repunte de la inflación. En el comunicado oficial, Banxico señaló que la postura monetaria alcanzada busca enfrentar un entorno más complejo por la prolongación y el posible escalamiento del conflicto en Medio Oriente.
El dato que vuelve más delicada esta decisión es el de la inflación. El INEGI informó que en la primera quincena de marzo el INPC subió 0.62% quincenal y la inflación anual se ubicó en 4.63%. Eso significa que el nivel general de precios sigue claramente por encima del objetivo permanente de 3% del banco central.
La lógica detrás del recorte parece apoyarse en otro problema que ya pesa sobre la economía mexicana, el debilitamiento de la actividad productiva. En las últimas semanas se han acumulado señales de menor dinamismo y de un crecimiento menos sólido al inicio del año. En ese contexto, bajar la tasa puede entenderse como un intento de no asfixiar más al consumo, al crédito y a la inversión privada.
Sin embargo, el movimiento no está libre de riesgos. Cuando el banco central reduce tasas mientras la inflación sigue elevada, el mercado empieza a preguntarse si el alivio monetario podría terminar alimentando nuevas presiones sobre precios o sobre el tipo de cambio. El dilema es claro, apoyar a una economía que se enfría o mantener una política más dura para evitar que la inflación se vuelva más persistente.
El contexto internacional vuelve la apuesta todavía más delicada. Banxico mencionó de forma expresa los efectos del conflicto en Medio Oriente sobre energía y condiciones financieras. Si el petróleo sigue alto o si aumentan los choques externos, México podría enfrentar una mezcla incómoda de menor crecimiento y mayor presión inflacionaria.
La noticia importa porque mueve una de las variables más sensibles de toda la economía. La tasa de referencia influye en créditos, hipotecas, inversiones y expectativas. Por eso, más que un ajuste técnico, este recorte marca el inicio de una etapa en la que Banxico deberá demostrar que todavía puede bajar tasas sin perder el control de la inflación.







