México ha logrado navegar la nueva etapa proteccionista de Estados Unidos con una ventaja relativa frente a otras economías, y esa ventaja tiene nombre claro, la integración norteamericana construida durante décadas con el TLCAN y después con el TMEC. En medio de la guerra arancelaria impulsada por Donald Trump, el país no ha quedado libre de daño, pero sí ha encontrado una forma más eficaz de amortiguarlo.
Los datos lo muestran con claridad. Según información del Buró de Análisis Económico de Estados Unidos citada en la cobertura, el déficit comercial estadounidense con México aumentó en 4 mil 100 millones de dólares en febrero hasta llegar a 16 mil 800 millones. Es decir, los aranceles no han producido el ajuste comercial que Washington prometía, y México incluso ha reforzado su posición como socio comercial central de Estados Unidos.
La clave ha sido una rápida reorganización empresarial. Banamex estima que la proporción de exportaciones mexicanas que cumplen con las reglas del TMEC pasó de 48.6% a 75.1% tras los nuevos aranceles. Además, actualmente 82% de los bienes que llegan a Estados Unidos desde México entran libres de tarifas gracias al tratado. Eso confirma que el acuerdo no solo sigue vivo, sino que se convirtió en un refugio práctico para miles de operaciones comerciales.
La ventaja mexicana también se explica por comparación. Mientras México enfrentó un arancel efectivo de apenas 3.7% sobre sus exportaciones totales, China soportó tasas de 29.2%, una diferencia de 25 puntos que alteró de manera significativa la competitividad relativa entre ambos países. Esa brecha, sumada a la cercanía geográfica y a la integración industrial, ayudó a que México no perdiera tracción tan rápido como otros competidores.
Eso no significa que todo esté resuelto. Sectores como acero y aluminio siguen bajo fuerte presión, con tarifas que pueden llegar a 50%, y la OCDE advirtió en marzo que el aumento de costos ya estaba dañando significativamente a la industria. En esos rubros, muchas empresas podrían terminar concluyendo que les conviene más producir dentro de Estados Unidos que exportar desde México.
La noticia es relevante porque la integración con Estados Unidos sostiene el comercio de México en 2026, pero también deja claro que ese escudo tiene límites. El país ha resistido mejor que otros, sí, pero sigue dependiendo de la estabilidad del TMEC y de una negociación constante para evitar que los sectores más castigados terminen perdiendo empleos, inversión y capacidad de competir.







