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martes 6 octubre, 2026
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La herida de abandono, las huellas invisibles que siguen habitando nuestra vida. Hablemos de salud mental

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La herida de abandono, las huellas invisibles que siguen habitando nuestra vida. Hablemos de salud mental…

Después de hablar de la infancia emocional, hay una herida que merece ser vista con especial profundidad, porque muchas veces no solo marca la niñez, sino también la forma en que se vive la vida adulta: la herida de abandono.

No siempre hablamos de abandono en su forma más evidente: A veces no se trata únicamente de la ausencia física de alguien importante, sino también de ausencias más silenciosas que nos cuesta trabajo comprender, pero son igual de profundas:

La herida de abandono suele comenzar en ese momento, en el que una parte de nosotros aprendió a quedarse sola, es ahí donde se abrió la herida y comenzó el vacío y cuando esa experiencia se instala en el mundo emocional de una persona, muchas veces no desaparece con los años: crece, se transforma y sigue hablando en silencio en la vida cotidiana.

La herida de abandono no se anuncia; a veces se disfraza de codependencia emocional, otras veces se esconde detrás de una autosuficiencia extrema. Hay quienes, por miedo a que los abandonen, se aferran demasiado. Y hay quienes, por el mismo miedo, prefieren no necesitar a nadie. Ambos caminos nacen del dolor. Ambos intentan proteger una parte interna que alguna vez se sintió abandonada. Y es que una persona herida por el abandono no siempre teme quedarse sola; muchas veces teme volver a sentir lo que sintió cuando no fue sostenida emocionalmente. Por eso reacciona con tanta intensidad ante la distancia, el rechazo, la frialdad, la indiferencia o el abandono. No porque sea débil, sino porque hay experiencias antiguas que siguen activando el sistema emocional como si el pasado todavía estuviera ocurriendo.

En la vida diaria, esta herida puede tener muchas formas. Puede aparecer en quien sobre piensa los silencios. En quien interpreta cualquier cambio como señal de rechazo. En quien ama con angustia. en quien tolera migajas afectivas por miedo a perderlo todo, en quien no sabe pedir lo que necesita porque teme ser una carga, en quien se adelanta al abandono y se aleja primero, o en quien se rompe por dentro cuando no lo eligen, porque en el fondo siente que esa historia ya la conoce. Desde una mirada de crecimiento personal, la herida de abandono también nos confronta con preguntas profundamente honestas:

¿cuánto de mi necesidad de ser elegido nace del amor y cuánto nace del vacío y el abandono?,

Porque una de las consecuencias más silenciosas de la herida de abandono; es justamente esa: el autoabandono. Dejamos de escucharnos, nos olvidamos de respetarnos, de poner límites, de evitar el rechazo o de sentir que nos estamos quedando solos y que no somos suficientes¡¡ Y entonces repetimos hacia nosotros mismos la misma herida que tanto dolor nos causó!!! Hay personas que crecieron con la idea de que tenían que portarse bien, ser útiles, no incomodar, ser fuertes o dar demasiado para merecer permanencia. Como si el amor hubiera que ganárselo. Como si ser elegidos dependiera de no fallar, de no necesitar demasiado, de no mostrar demasiado dolor. Y vivir así cansa. Cansa el alma, cansa el cuerpo, cansa el corazón. Porque nadie debería sentir que tiene que traicionarse para que no lo abandonen. Sanar la herida de abandono no significa dejar de necesitar afecto, porque necesitar amor, compañía y presencia es un acto profundamente humano, pero también significa aprender a distinguir entre el deseo sano de sentirse protegido y la urgencia dolorosa de no ser abandonado. Sanar también implica duelo por la ausencia que hubo, duelo por lo que no llegó, duelo por esa versión de nosotros que tuvo que aprender a sobrevivir sintiéndose en el completo vacío de la soledad. Pero también implica algo profundamente transformador: la posibilidad de dejar de vivir mendigando permanencia y comenzar a construir seguridad desde dentro.

Y aquí aparece una dimensión espiritual profundamente humana: la de recordar que nuestro valor no depende de quién se quedó o de quién se fue. Hay heridas que hacen creer a la mente que no fuimos suficientes, que no somos dignos de amor, que no merecíamos ser elegidos, pero ninguna ausencia humana tiene el poder de definir el valor de una persona. Quizá una de las formas más profundas de sanar, sea aprender a no seguir abandonándonos por miedo a que otros lo hagan, porque detrás de muchos adultos que hoy aman con miedo, que dudan de su valor o que tiemblan ante la posibilidad de no ser elegidos, muchas veces hay una infancia emocional que todavía sigue esperando la certeza de que no será abandonada otra vez. Esta columna está dedicada a todas las personas que han vivido con el miedo silencioso de volver a sentirse abandonados y que, aun así, siguen buscando un lugar seguro en el mundo para reconstruir su vida, sanar sus heridas y transformar en fuerza aquello que durante años vivieron desde la carencia.

Psic. Yazmín Ch. Aguirre.

Un espacio donde no te juzgamos, te acompañamos.

Vivir sin rompernos.

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