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martes 6 octubre, 2026
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Medio centenar de países quiere acelerar la salida de los combustibles fósiles en pleno shock petrolero

La nueva alianza climática busca convertir la transición energética en una cuestión de seguridad y soberanía.

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El nuevo shock petrolero provocado por la crisis internacional llevó a casi 50 países a plantear una respuesta común para acelerar la salida de los combustibles fósiles. La iniciativa será discutida en una conferencia en Santa Marta y parte de una idea cada vez más repetida en la política energética mundial, depender del petróleo también es una vulnerabilidad estratégica.

La novedad del enfoque está en que la transición ya no se presenta solo como obligación climática, sino también como asunto de soberanía. Cuando una guerra o un bloqueo elevan los precios y contagian a toda la economía, la dependencia fósil deja de verse únicamente como problema ambiental y empieza a percibirse como riesgo directo para estabilidad, inflación y capacidad de decisión nacional.

Ese cambio de enfoque puede ser importante. Durante años, muchos gobiernos trataron la transición energética como meta lenta y parcialmente negociable. Pero en un contexto de precios tensos y alta incertidumbre, la reducción de esa dependencia empieza a venderse también como protección frente a crisis externas que golpean el bolsillo de hogares y empresas.

La ciudad de Santa Marta se convertirá así en un espacio donde la conversación climática se mezclará con la geopolítica. El telón de fondo no es abstracto. Es la guerra en Oriente Próximo y sus efectos sobre petróleo, transporte y seguridad energética. Esa mezcla explica por qué la conferencia llega en un momento políticamente muy cargado.

No significa que la salida de los fósiles vaya a acelerarse de manera automática. La distancia entre compromisos internacionales y cambios reales sigue siendo grande. Sin embargo, la sola formación de este bloque muestra que la transición ya no se discute solo en términos de emisiones, sino de supervivencia económica y capacidad de resistencia frente a nuevas sacudidas.

La conclusión es fuerte. Lo que antes parecía una agenda climática sectorial ahora se está convirtiendo en una agenda de Estado. Y si ese cambio se consolida, el debate energético de los próximos años será menos sobre si abandonar los fósiles y más sobre qué tan rápido puede hacerse sin romper la economía.

SourceEspecial

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