La operación cicatriz de Morena comenzó a convertirse en una prioridad para el partido después de las primeras definiciones rumbo a las elecciones de 2027. La dirigencia busca resolver inconformidades internas antes de que las disputas entre aspirantes se conviertan en divisiones capaces de afectar las campañas del próximo año.
Morena ya ha definido coordinaciones estatales en 10 de las 17 entidades que renovarán gubernatura. El proceso comenzó incluso antes del arranque formal del proceso electoral federal, lo que permite al partido contar con varios meses para negociar con quienes quedaron fuera de las primeras decisiones.
Las elecciones de 2027 tendrán una dimensión nacional importante. En las 32 entidades se disputarán más de 19 mil cargos entre gubernaturas, diputaciones, presidencias municipales y otras posiciones. Por ello las decisiones tomadas durante estos meses pueden influir de manera directa en la estructura política que tendrá el país durante la segunda mitad del actual sexenio.
La operación cicatriz de Morena pretende evitar que los aspirantes inconformes abandonen el partido o apoyen proyectos políticos rivales. Para lograrlo pueden entrar en las negociaciones candidaturas a diputaciones, presidencias municipales y posiciones dentro de gobiernos estatales o estructuras partidistas.
Este mecanismo no es nuevo en la política mexicana. Cuando diferentes grupos compiten por una candidatura importante, los partidos suelen ofrecer otros espacios para conservar el respaldo de quienes no resultan elegidos. El reto para Morena será conseguir acuerdos suficientes sin generar nuevas inconformidades entre los grupos que ya controlan esas posiciones.
Otro problema se encuentra en el método utilizado para seleccionar perfiles. Las encuestas internas han sido una de las herramientas principales de Morena durante diferentes procesos electorales, pero también han provocado cuestionamientos sobre su metodología, transparencia y resultados.
Algunos especialistas consideran que determinados nombramientos no necesariamente correspondieron a los aspirantes con mejores resultados públicos. La percepción de que dirigentes nacionales, gobernadores o grupos estatales influyen sobre las decisiones puede aumentar las tensiones dentro de las estructuras locales.
Las alianzas representan otro elemento fundamental. Morena necesita mantener una relación funcional con el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México, dos fuerzas que han sido importantes para construir mayorías legislativas y competir conjuntamente en diferentes estados.
El PT ha expresado inconformidades en algunas entidades y el Partido Verde mantiene intereses políticos propios. Eso significa que la negociación no se desarrollará únicamente dentro de Morena. También será necesario decidir qué partido encabezará determinadas candidaturas y cómo se distribuirán otras posiciones dentro de posibles coaliciones.
San Luis Potosí aparece como uno de los estados donde una competencia separada podría convertirse en una posibilidad. Los partidos pueden iniciar el proceso con candidatos diferentes y posteriormente buscar acuerdos dependiendo de las condiciones políticas y de las encuestas.
La ventaja de definir aspirantes con anticipación es que Morena dispone de tiempo para resolver estas diferencias antes del periodo formal de campañas. Sin embargo, también existe el riesgo de que la competencia adelantada genere acusaciones de actos anticipados y aumente el desgaste interno.
El proceso electoral federal comenzó oficialmente el 10 de septiembre. Desde ese momento las autoridades deben vigilar con mayor atención las actividades realizadas por partidos, funcionarios y aspirantes para determinar si respetan las reglas establecidas para cada etapa.
Precisamente organizaciones empresariales han pedido al INE fortalecer la vigilancia sobre posibles actos anticipados de precampaña y campaña. También existe preocupación por algunas modificaciones recientes en mecanismos de supervisión electoral y por vacantes dentro de instituciones encargadas de resolver controversias.
La operación cicatriz de Morena será por ello una de las primeras pruebas importantes del proceso electoral de 2027. La capacidad del partido para mantener unidos a sus diferentes grupos puede resultar tan importante como la popularidad de los candidatos que finalmente aparezcan en las boletas.
Durante los próximos meses será posible observar si las negociaciones reducen las tensiones o si las inconformidades terminan provocando rupturas. Morena llega como la principal fuerza política del país, pero precisamente esa posición también genera una competencia interna cada vez mayor por sus candidaturas.







