El último discurso de Guterres ante la ONU como secretario general durante la apertura anual de la Asamblea General estuvo marcado por una advertencia sobre la inteligencia artificial, las guerras y el debilitamiento de la cooperación internacional. António Guterres pidió a los gobiernos crear reglas capaces de garantizar que las nuevas tecnologías permanezcan bajo control humano.
La intervención tuvo un significado especial porque el mandato de Guterres termina el próximo 31 de diciembre. Después de una década al frente de Naciones Unidas, utilizó uno de sus últimos grandes discursos para advertir que las instituciones internacionales enfrentan un escenario caracterizado por conflictos, divisiones políticas y pérdida de confianza.
La inteligencia artificial ocupó una parte importante del mensaje. Guterres defendió la creación de un marco internacional de gestión de riesgos y mecanismos independientes capaces de supervisar tecnologías cuyo desarrollo avanza más rápido que las regulaciones nacionales.
Uno de los principales riesgos señalados está relacionado con las armas autónomas. El secretario general insistió en que las decisiones capaces de determinar la vida o la muerte de una persona deben permanecer bajo autoridad humana y no delegarse completamente a sistemas automatizados.
La preocupación no está limitada al ámbito militar. La IA también puede transformar el empleo, la información, la vigilancia, la educación y la distribución de poder económico. Por esa razón, la ONU intenta construir mecanismos multilaterales donde países con diferentes niveles de desarrollo tengan participación en las decisiones.
El último discurso de Guterres ante la ONU también estuvo marcado por las guerras abiertas en diferentes regiones. El secretario general volvió a defender soluciones diplomáticas y reiteró la necesidad de avanzar hacia una solución de dos Estados para israelíes y palestinos.
La guerra entre Rusia y Ucrania y los conflictos de Oriente Próximo han demostrado además las limitaciones del sistema actual. Las divisiones entre las principales potencias dificultan que el Consejo de Seguridad pueda actuar con rapidez cuando sus miembros permanentes mantienen intereses enfrentados.
Esta situación ha reforzado el debate sobre una reforma de Naciones Unidas. Países emergentes consideran que las estructuras creadas después de la Segunda Guerra Mundial ya no representan adecuadamente el equilibrio de poder actual y reclaman una mayor participación en las decisiones internacionales.
El cambio climático fue otro de los asuntos principales. Guterres volvió a exigir responsabilidad a los grandes contaminadores y sostuvo que los costos de la transición y de la adaptación no deben recaer principalmente sobre las sociedades que menos han contribuido al problema.
La Asamblea General se desarrolla además en un momento de dificultades financieras para el organismo. La reducción de aportaciones y programas internacionales obliga a Naciones Unidas a revisar prioridades mientras aumentan simultáneamente las necesidades humanitarias en distintas regiones.
La propia credibilidad de la organización forma parte del debate. Algunos gobiernos consideran que la ONU no consigue detener guerras ni hacer cumplir suficientemente el derecho internacional. Otros advierten que debilitarla dejaría todavía más espacio para que las grandes potencias actúen únicamente según sus propios intereses.
La sesión número 81 de la Asamblea General reúne a jefes de Estado y de Gobierno entre el 22 y el 28 de septiembre en Nueva York. El tema central de este año busca recuperar la confianza internacional y gestionar una transformación global marcada por tecnología, conflictos y desafíos económicos.
El debate sobre inteligencia artificial tendrá una importancia creciente durante la semana. Empresas tecnológicas y representantes de diferentes países participarán en nuevas conversaciones internacionales sobre riesgos, seguridad y mecanismos para evitar que el desarrollo tecnológico escape completamente de la supervisión pública.
El último discurso de Guterres ante la ONU fue así una advertencia sobre el tipo de sistema internacional que heredará su sucesor. La organización enfrenta simultáneamente conflictos militares, crisis climática, desigualdad y tecnologías capaces de transformar la seguridad mundial.
El mensaje final fue una defensa del multilateralismo en un momento en el que precisamente ese modelo se encuentra bajo presión. La capacidad de Naciones Unidas para recuperar influencia dependerá de si los Estados aceptan reformar sus instituciones y cooperar en problemas que ningún país puede resolver completamente por sí solo.






