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martes 6 octubre, 2026
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México tiene el tercer diésel más caro entre los principales consumidores del mundo

El precio permanece alrededor de 27 pesos por litro pese a los estímulos fiscales y al acuerdo gubernamental para contener el aumento del combustible

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México tiene el tercer diésel más caro entre los 10 países que registran los mayores niveles de consumo de este combustible, a pesar de los estímulos fiscales utilizados por el Gobierno para limitar el aumento de los precios.

El litro de diésel se ubicó alrededor de 27.01 pesos durante el domingo 27 de septiembre. Dentro del grupo analizado solamente Canadá y Estados Unidos registraron precios superiores, con aproximadamente 31.50 y 29.73 pesos por litro respectivamente.

La diferencia adquiere importancia porque México sí mantiene mecanismos fiscales destinados a reducir el precio final. Canadá y Estados Unidos presentan precios superiores, pero no utilizan el mismo sistema de subsidios aplicado actualmente por el Gobierno mexicano.

Para la semana comprendida entre el 26 de septiembre y el 2 de octubre, Hacienda mantuvo un estímulo de 100% sobre la cuota del IEPS correspondiente al diésel. También se aplicó un apoyo adicional para contener el precio que pagan transportistas y consumidores.

El apoyo total para estabilizar el precio alcanza aproximadamente 8.55 pesos por litro. De ese monto, 7.36 pesos corresponden a la cuota del IEPS que no se cobra gracias al estímulo fiscal completo.

México tiene el tercer diésel más caro incluso con estas medidas porque el precio internacional del combustible ha aumentado y los costos de refinación y transporte continúan presionando el mercado nacional.

El problema tiene especial importancia para México debido al peso que tiene el autotransporte de carga en la economía. Una parte considerable de los productos que se venden en supermercados, fábricas y comercios se desplaza por carretera.

Cuando aumenta el diésel, las empresas de transporte enfrentan mayores costos para mover mercancías entre ciudades, centros industriales, puertos y cruces fronterizos.

Estos gastos pueden terminar incorporándose gradualmente al precio final de los productos. Por esta razón, un aumento prolongado del combustible puede generar presiones sobre la inflación incluso en sectores que aparentemente no tienen una relación directa con el mercado energético.

El Gobierno ha intentado evitar un aumento considerable mediante un acuerdo destinado a mantener el precio cerca de 27 pesos por litro. Sin embargo, conservar este nivel también representa un costo importante para las finanzas públicas.

Entre el 1 y el 27 de septiembre, el esfuerzo fiscal destinado a estabilizar el precio del diésel habría alcanzado alrededor de 14 mil 775 millones de pesos. Esto representa aproximadamente 547 millones de pesos diarios durante ese periodo.

El costo muestra la dificultad que existe al intentar proteger a consumidores y transportistas frente a incrementos internacionales. Mantener precios bajos puede reducir temporalmente las presiones inflacionarias, pero también disminuye la cantidad de impuestos que recauda el Gobierno.

México tiene el tercer diésel más caro mientras otros grandes consumidores presentan precios considerablemente menores. Japón registra alrededor de 20.50 pesos por litro, China cerca de 20.33 y Brasil alrededor de 20.03 pesos.

India, Rusia, Indonesia y Arabia Saudita también presentan precios inferiores. Sin embargo, los sistemas fiscales y energéticos de estos países son diferentes, por lo que una comparación directa debe considerar subsidios, impuestos, producción local y costos de refinación.

El precio del combustible no depende únicamente del petróleo. También intervienen capacidad de refinación, transporte, almacenamiento, impuestos y márgenes comerciales.

México produce petróleo, pero continúa dependiendo de diferentes procesos e intercambios internacionales para garantizar el suministro suficiente de combustibles. Esto significa que las variaciones internacionales pueden trasladarse parcialmente al mercado nacional.

El impacto es especialmente sensible para transportistas que recorren grandes distancias. Un tractocamión puede consumir cientos de litros durante una ruta larga, por lo que pequeñas diferencias en el precio pueden representar miles de pesos adicionales por viaje.

Las empresas pueden absorber parte del incremento durante periodos cortos. Sin embargo, si el combustible permanece elevado, normalmente buscan trasladar al menos una parte de esos costos a las tarifas de transporte.

Esto puede afectar cadenas de suministro completas y reducir los márgenes de empresas que necesitan trasladar productos constantemente.

México tiene el tercer diésel más caro en un momento en el que el Gobierno intenta equilibrar tres objetivos diferentes. Evitar aumentos fuertes para los consumidores, proteger la recaudación pública y limitar nuevas presiones sobre la inflación.

El comportamiento del mercado energético internacional durante las próximas semanas será determinante. Una reducción de los precios permitiría disminuir los apoyos fiscales sin aumentar demasiado el costo final para los consumidores.

Si los precios permanecen elevados, el Gobierno tendrá que decidir cuánto tiempo puede mantener los estímulos actuales y cuál será el costo acumulado para las finanzas públicas.

El desafío será especialmente importante para el transporte de carga y para millones de empresas que dependen de las carreteras mexicanas para mover mercancías.

Por ahora, México mantiene el precio cerca del límite establecido por el Gobierno, pero la comparación internacional muestra que controlar el diésel está requiriendo una cantidad cada vez mayor de recursos públicos.

SourceEspecial

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