Peso mexicano llega a 18 unidades por dólar después de varias jornadas de pérdidas que han debilitado una de las monedas que durante los últimos años destacó por su fortaleza frente a la divisa estadounidense. El movimiento coloca nuevamente al tipo de cambio en niveles que no se observaban desde marzo de 2026 y confirma un cambio importante en el comportamiento del mercado cambiario mexicano.
Durante la jornada, el tipo de cambio alcanzó un máximo cercano a 18.007 pesos por dólar antes de recuperar parte del terreno perdido. Posteriormente, el cierre oficial se ubicó alrededor de 17.95 pesos por dólar, lo que representó una depreciación cercana a 1.8% frente a la sesión anterior.
Septiembre ha sido especialmente complicado para la moneda mexicana. Durante el mes, el peso acumula una pérdida cercana a 5.9% frente al dólar, después de haber comenzado septiembre alrededor de 16.85 unidades por dólar. El cambio es considerable porque durante meses la fortaleza del peso había sido uno de los elementos más visibles de los mercados financieros mexicanos.
Uno de los principales factores detrás de la depreciación está relacionado con las tasas de interés. La Reserva Federal de Estados Unidos aumentó recientemente su tasa de referencia en 25 puntos base y la colocó dentro de un rango de 3.75% a 4%. En México, el Banco de México decidió mantener su tasa en 6.50%.
Esta combinación redujo la diferencia entre las tasas mexicanas y estadounidenses a aproximadamente 250 puntos base. La brecha es importante porque durante años México ofreció rendimientos considerablemente superiores a los de Estados Unidos, lo que atraía capital extranjero hacia instrumentos denominados en pesos.
Una de las estrategias que ayudaron al peso fue el llamado carry trade. Los inversionistas podían obtener financiamiento en mercados con tasas menores y posteriormente colocar esos recursos en activos mexicanos que ofrecían rendimientos superiores. Mientras la diferencia entre tasas era amplia y el peso permanecía estable, esta estrategia resultaba atractiva.
Sin embargo, el peso mexicano llega a 18 unidades por dólar precisamente cuando ese incentivo comienza a reducirse. Si las tasas estadounidenses continúan aumentando mientras Banxico mantiene las suyas sin cambios, la diferencia puede hacerse todavía menor y algunos inversionistas podrían buscar alternativas en otros mercados.
La incertidumbre internacional también está aumentando la demanda de dólares. Los conflictos geopolíticos, el aumento del precio de los energéticos y el riesgo de nuevas presiones inflacionarias han provocado que muchos inversionistas reduzcan su exposición a monedas consideradas más riesgosas.
Cuando aumenta el temor en los mercados internacionales, el dólar suele beneficiarse porque continúa siendo una de las principales monedas utilizadas como refugio. Esto puede afectar a divisas emergentes incluso cuando las condiciones económicas internas de sus países no presentan cambios drásticos.
Para México, una depreciación prolongada tiene efectos positivos y negativos. Por un lado, puede beneficiar a exportadores que reciben dólares y posteriormente convierten esos ingresos a pesos. También puede favorecer a familias que reciben remesas procedentes de Estados Unidos.
Por otro lado, un dólar más caro aumenta el costo de productos importados. Maquinaria, componentes electrónicos, combustibles, medicamentos y diferentes materias primas pueden encarecerse si la depreciación continúa durante varios meses.
Este efecto resulta especialmente importante para la inflación. Muchas empresas mexicanas utilizan componentes importados para producir bienes dentro del país. Cuando aumenta el costo de estos materiales, parte del incremento puede trasladarse gradualmente a los consumidores.
El comportamiento del peso dependerá también de las próximas decisiones de Banxico. La institución dejó claro que no modificará automáticamente su política monetaria únicamente porque la Reserva Federal cambie la suya, ya que las condiciones económicas de México y Estados Unidos son diferentes.
Sin embargo, el tipo de cambio forma parte del escenario que debe vigilar el banco central. Una depreciación demasiado rápida podría aumentar las presiones inflacionarias y reducir el espacio disponible para futuros recortes de tasas.
Las finanzas públicas mexicanas también están siendo observadas por los mercados. El nivel de deuda, las necesidades financieras de Pemex y el crecimiento moderado de la economía forman parte de los elementos que los inversionistas consideran antes de aumentar o reducir posiciones en activos mexicanos.
Otro factor será el desempeño de Estados Unidos. Los próximos datos de empleo, actividad económica e inflación pueden modificar las expectativas sobre nuevos aumentos de tasas y provocar movimientos adicionales en el dólar.
Algunos análisis prevén que el tipo de cambio podría superar los 18.20 pesos por dólar hacia el cierre de 2026 si las condiciones actuales continúan. Sin embargo, los mercados cambiarios pueden cambiar rápidamente ante nuevas decisiones monetarias o avances en los conflictos internacionales.
Peso mexicano llega a 18 unidades por dólar después de un largo periodo en el que la moneda logró mantenerse considerablemente fuerte. El movimiento no significa necesariamente el final definitivo de esa etapa, pero sí confirma que las condiciones que favorecieron al peso durante los últimos años están cambiando.
Las próximas semanas serán fundamentales para saber si la moneda logra estabilizarse nuevamente por debajo de 18 unidades o si comienza una nueva etapa caracterizada por un dólar más caro y una mayor volatilidad para la economía mexicana.







